Las Tunas.- Con sus manos, estas mujeres de Las Tunas desafían los imposibles y siempre encuentran razones y soluciones para hacer más y, de paso, ponerse a disposición de otras que las necesitan como horcón y aliento.
En sus rostros hay miradas serenas y sonrisas que contagian porque se sienten seguras y confiadas de que el éxito no llegará por sí solo, sino que hay que encontrarlo en la frialdad de la madrugada, en las jornadas lluviosas y bajo el sol de cualquier día.
Las tres integran las brigadas conjuntas entre la Federación de Mujeres Cubanas y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y, desde sus unidades productoras, protagonizan numerosas acciones a favor de la independencia social y económica de las féminas de su radio de acción.

En el municipio cabecera, Moraima Martínez Reynaldo se ha convertido en la artesana de la malangueta. No es la única que trabaja esa fibra vegetal que inunda muchos embalses locales; pero, inició un importante proyecto en la zona de Barranca, donde hay mucha tradición por las artes manuales.
«Es una iniciativa económica de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Josué País que favorece una mayor participación de las mujeres, dándoles empoderamiento y liderazgo, a la vez que se protege el medio ambiente pues esa planta invasora impide el desarrollo de los peces y absorbe el agua almacenada.
«Nosotras la aprovechamos para la artesanía y elaboramos sombreros, carteras, mochilas y otros artículos. Ellas están muy contentas por hacer vida social y principalmente por sus ingresos. Y también, por trabajar en la misma comunidad en la que residen».

Adisleydis Bullaín Matos vive en La Bomba, en Puerto Padre, y es usufructuaria asociada a la CCS Ramón Rodríguez. En sus tierras, cría ganado mayor y menor y siembra cultivos varios. Además, dedica un área a las rosas y otras plantas ornamentales, con el apoyo de algunas mujeres que residen en los alrededores.
«En la finca tienen prioridad. Les doy empleo y la posibilidad de que hagan sus ramitos de flores. Mientras más atención se les dé, más beneficio tienen las familias y ellas serán más útiles a la comunidad y para nuestra Revolución.
«Juntas desarrollamos actividades en la escuela y participamos en trabajos voluntarios y en otras actividades de apoyo a la cooperativa. Ayudarlas me satisface porque son muy activas. Creo que todavía podemos hacer más».

La CCS Gonzalo Falcón, de Dumañuecos, en Manatí, tiene en Martha Orsell Adeis a una joya. Mujer sencilla y humilde, trabajadora, líder, amiga y defensora de sus compañeras. También, controladora y exigente hasta lograr que todo esté bien, más en la casa de posturas creada como parte del proyecto Apocoop para dar empleo a las féminas del asentamiento.
«Es normal que vele por ellas porque siempre he sido independiente y creo que todas debemos ser así. Tengo mi propia historia, de mucho trabajo, desde jovencita; también estudié por encuentros hasta alcanzar mi título universitario en el año 2018.
«En varios talleres y eventos he recibido muchas capacitaciones en temática de género y me apasioné con la defensa de ellas. Hicimos un levantamiento en el barrio y escogimos a mujeres que nunca habían trabajado o que en ese momento no tenían empleo y que podían transformar sus vidas si se insertaban a este sistema productivo».
Ninguna de las tres se rinde ante los actuales desafíos y derrochan firmeza, paciencia y esfuerzo para impulsar el progreso rural hacia un futuro mejor, siempre con la participación activa de quienes con manos femeninas hacen tanto como los hombres.